
Cinco preguntas de cinco palabras en cinco minutos
octubre 10, 2026Recuerdo esta cita: «Hombre, pudiendo hacerlo bien, no vamos a hacerlo mal». Se me quedó grabada. Hará más de veinte años: fue en una reunión de empresa familiar en la que se evaluaba una propuesta mía. Había que tomar una «decisión crítica» y la situación estaba muy atascada. El autor de la frase fue uno de los directivos mejor posicionados que, además, estaba en el consejo de administración de varias empresas, al menos una «cotizada»… años más tarde «rescatada». Y yo, que todavía estaba empezando, me fui con la lección bien aprendida: estás solo. Saliera bien o mal, si quería conseguirlo tenía que ir a por ello yo, porque nadie me iba a ayudar.
Dramatizo un poco. Pero hasta que la cosa no empezó a funcionar, nadie se sumó al éxito. No dramatizo, aunque tampoco era heroico. Siendo sincero: el riesgo objetivo era inexistente. En el peor de los casos no habría daños, tal vez un cierto periodo con menos tesorería, pero todo asumible y nada sin retorno.
Se trataba de invertir en nuevas instalaciones, más amplias, más adaptadas, mejores y además en el contexto de una excelente oportunidad de mercado. Yo había estudiado la situación por dentro y por fuera, por arriba y por abajo y estaba claro. Para no entrar en detalles la idea era adecuada, compatible y sostenible. Eso sí, yo era el único que veía las posibilidades de desarrollo del proyecto. Tal vez por ello, el único que mostraba ilusión por llevarlo a cabo.
Hoy puedo ratificar que acertaba, porque conseguí que ejecutar la propuesta y el tiempo ha puesto de manifiesto que fue una decisión excelente. Claro que, al momento de presentarla, de defenderla y, más importante, de animar al comité a decantarse por ella me sentía poco menos que «en pelotas»… eso sí, hasta que nuestro «directivo estrella» puso de manifiesto que ahí, nadie iba a decir nada que le comprometiera, porque lo único que les importaba era quedar bien. He repetido su frase en multitud de intervenciones públicas y cursos como ejemplo de en qué consiste hablar sin comunicar.
Explorar perspectivas
Pero es cierto que hay una clave para acertar: ser capaz de ver el asunto desde varios ángulos: consecutivos, relacionados, antagónicos, opuestos si se quiere, completamente desconectados, irreales o incomprensibles. No basta con proyectar escenarios en «modo normal» y «modo de fallo». Hay que actuar de forma creativa para expandir las oportunidades, para descubrir lo que no es evidente a simple vista, también los peligros. Y luego hay que «recoger» e integrar el aprendizaje obtenido durante la exploración. En el caso que nos ocupa, nadie en ese comité veía la excelente oportunidad que se nos presentaba, porque todos lo miraban desde un único punto de vista: esto es muy complicado y requiere mucho esfuerzo.
O sea, que no se trata de ampliar el foco, sino de explorar perspectivas diversas. Ante un problema o ante una decisión, cambiar de punto de vista es fascinante porque verdaderamente nos muestra aspectos clave de la realidad y de nosotros mismos de los que no somos conscientes y por eso no podemos manejarlos: no se puede modular lo que no se conoce.
Y cuando has logrado comprenderlo entonces sabes comunicarlo con firmeza y entusiasmo, con toda la información necesaria, pero, sobre todo, sin miedo a quedar como un idiota.
Lo explico en la Jornada «Decisiones Críticas» de la Academia de desarrollo directivo. En esta actividad enseñamos la versión avanzada de la «Dinámica de los Mundos Posibles», la técnica que utilizo para explorar esas perspectivas alternativas y encontrar la salida cuando un comité entero prefiere mirar para otro lado por miedo a comprometerse.
© Juan Ugarte Pereira, 2026

