
¿Por qué no funcionan los DAFOs?
noviembre 10, 2025La Empresa: algo más que un instrumento
En la lúcida ponencia que presentó el pasado 28 de enero de 2026 Ángela de Miguel, presidente de CEPYME, en un encuentro con miembros de la FER en Logroño, planteó que poco más o menos nadie ha hecho una definición de ‘empresa’. No voy a corregirle en este foro, de hecho, coincido plenamente con ella porque, más allá de la RAE, que acota con precisión el término, no contamos con un concepto funcional sobre qué sea esta realidad. Y lo necesitamos.
Simplemente con mirar un poco a nuestro alrededor, observamos que, en general, la Empresa es conceptualizada como un «instrumento»: por la «sociedad en su conjunto» como manantial difuso que financia el «estado de bienestar», según se comentó en aquel encuentro empresarial; por los gobiernos y en general por las administraciones públicas, como proveedor refractario de esos recursos económicos necesarios para su propio sostenimiento y para el establecimiento de infraestructuras en diversos órdenes; por los propios ciudadanos, en su condición de trabajadores, como fuente del medio de subsistencia, un salario; por el llamado sistema educativo como lugar al que destinar a sus usuarios y pretexto, por qué no legítimo, para elaborar programas de formación; incluso por el antiguo movimiento sindical de clase, como «el enemigo a batir» que le permite legitimar su propia existencia, por oposición... Esto sólo a título ilustrativo. En el límite, también por muchos empresarios.
Nadie parece intentar establecer qué es la Empresa en sí misma, sino por referencia a sus propios intereses, éstas son las preguntas que planteamos los filósofos. Tal vez podrían hacerlo quienes la promueven, pero ocupados en ponerla en marcha y tratar de que se desarrolle, no tienen tiempo para elaborar teorías.
¿Es un problema? Pues sí y uno de los gordos. La percepción humana no es ingenua, no procesamos la realidad en el vacío de las ideas: comprendemos aquello que se nos presenta «a través de conceptos».
Ortega hablaba de la influencia de nuestras «creencias» en nuestros juicios. La psicología de la Gestalt dirá que sólo podemos captar aquello con una estructura conforme a nuestros «filtros». En filosofía de la ciencia aludimos a la carga teórica de la percepción.
Hanson, Feyerabend, Popper o el propio Kuhn vienen a establecer que no hay observación neutra, lo que creemos descubrir está muy afectado por la forma en que lo miramos. No es que siempre encontremos lo que «buscamos», es que no podemos ver lo que queda fuera de nuestro enfoque, o del rango de lo comprensible… pero no por ello deja de estar ahí, ni de condicionar lo que sea o cómo se comporta.
Por eso muchas veces la realidad nos sorprende con reacciones imprevistas o indeseables. Dicho de otro modo, no podemos hacer justicia a lo que sea eso con lo que nos relacionamos porque no terminamos de saber en qué consiste. Por eso es buena idea adoptar enfoques alternativos, aunque sólo sirva para tratar de construir una idea más adecuada de lo que intentamos entender. Esto también lo hacemos los filósofos… algunos: otros ya lo saben todo.
¿Sirve la empresa para todo eso que dicen que sirve? Pues «a la fuerza ahorcan», en expresión de mi madre, o sea que en la práctica sí. ¿Es posible que la empresa sea algo diferente de un simple «instrumento»? No debe haber duda. La batalla intelectual es dura, han sido siglos de progreso hacia la «inteligencia ciega», diría Morin, pero no por ello vamos a dejar de intentarlo, porque cuando las teorías se basan en ideas adecuadas, esto es de Spinoza, son realmente operativas: construyen un «mapa» conforme de la realidad que describen, de sus elementos y relaciones y, así, nos ayudan a orientarnos correctamente. Puede valer la pena el esfuerzo. Vamos a intentarlo.
Revisado someramente el «estado de la cuestión» vamos a proponer dos focos alternativos, complementarios entre sí, algo que creemos que «está ahí», pero pasa inadvertido: la autoría y la generación de valor, la empresa como obra cuya meta es generar valor. No es un planteamiento ingenuo, no lo es. Nuestro planteamiento tiene algunas limitaciones de alcance. El lector crítico va a ver que no se puede aplicar a todo lo que hoy se califica de empresa; sólo es un punto de partida, de verdad que hay más, pero vamos a proceder con orden, tratando de esbozar las ventajas de incorporar esta perspectiva conceptual.
Antes de empezar, en «Proverbios y cantares», Machado recuerda que «todo necio confunde valor y precio». Con esta base, la empresa es entidad que genera valor, beneficio, pero su materialización en dinero sólo ocurre cuando libera el producto en el mercado… y no siempre. Aquí el beneficio es, etimológicamente hacer el bien y, en este ámbito, consiste en transformar la realidad, actuar sobre ella, para convertirla en «otro algo» funcional o intrínsicamente valioso para otras personas. No se trata simplemente de conseguir un producto por el que la gente esté dispuesta a pagar, sino de algo que de verdad valga la pena.
Junto a ello la empresa es obra de autor. Quiere decir que se trata de una iniciativa personal, donde lo personal es nuclear: por más que alguien pueda imaginarlo, las máquinas no ponen en marcha empresas, ni siquiera la llamada inteligencia artificial.
Todo lo demás de la empresa viene después: sin lo nuclear no hay empresa. ¿Y estas ideas para qué nos sirven, en la práctica? No es que no hayan de olvidarse nunca, que no hay que hacerlo, es que establecen un ámbito que si se daña termina con la empresa, la liquida, y si se potencia la lleva a niveles de desarrollo inimaginables.
Esto es la empresa en sí misma… al menos éste podría ser un concepto viable: en mi experiencia empresarial puedo afirmar que es cabalmente cierto. Claro, si lo aceptamos, la relación con la Empresa de todos los agentes implicados tal vez tendrá que cambiar. A partir de aquí se trata de un ámbito en el que invitamos a participar a otras personas y construimos equipos junto a ellas para lograr la meta de generar valor, a través de un método, lo que sabemos hacer. Habrá que llevarlo al mercado y convertirlo en dinero, para poder retribuir a los participantes en el proceso, pero la verdadera clave para orientarnos en la organización y para orientarla a ella misma queda establecida de manera inequívoca.
La acción en y de la empresa ha de contribuir sustancial e indudablemente al logro de nuestra meta, generar valor… para los demás y, además, ha de ordenarse conforme a un específico proceso en el que todos somos autores.
A mí esto me gusta más que andar pidiendo perdón.
Juan Ugarte Pereira - Doctor en Filosofía

