
Decidir en la empresa
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En los tiempos del liderazgo, «tomar el mando» es uno de los recursos de gestión menos considerados: tiende a relacionarse con estilos directivos clásicos, muy estructuradores, enfocados al control y con una más que notable rigidez. Además, puede que tenga una cierta connotación de autoritarismo lo que, en la actualidad, sobre todo si atendemos a lo que dice Galbraith, induce a la idea del conflicto y resulta claramente inadecuado.
Algo de esto podría haber en la referencia de Whitworth, Kimsey-House y Sandahl a las acciones de este tipo, en la primera versión de sus manuales de coaching: afirman que en algunas culturas «tomar el mando» puede parecer un «entrometerse» que, en general, se acepta mal o se rechaza.
Sin embargo, nuestra experiencia personal y directa, muy significativa, pone de manifiesto que «tomar el mando» es una de las habilidades avanzadas de la inteligencia directiva, como entendemos ésta en la Filosofía de la Empresa: con sentido, propósito, confianza y sobre todo de forma efectiva, en todos los planos o ámbitos en los que desplegamos la acción. Por eso es conveniente aprender a hacerlo, para saber llevarlo a cabo en el momento oportuno, con «gracia» con estilo y sobre todo de un modo eficaz y eficiente. Es realmente una de las claves de los equipos de alto rendimiento y uno de los factores críticos para el desarrollo, articulación y cohesión de la organización.
«Tomar el mando» es una herramienta de coaching que hemos traído a la función directiva. Aunque en principio venía a consistir, poco más o menos, en «hacerse cargo» de algo, después de haberlo desarrollado en el marco de la Filosofía de la Empresa es un método completo de cohesión, alineación, reorientación y motivación de equipos que va mucho más allá de un mero dar instrucciones. Su aplicación arroja resultados verdaderamente impactantes.
Lo primero que hay que decir es que «tomar el mando» no es un recurso exclusivo de las posiciones de organigrama conocidas tradicionalmente como «mandos», sino un método para cualquier integrante del equipo con responsabilidad sobre otras personas. En realidad, en un momento dado en una empresa, un departamento o un área, cualquiera puede tomar el mando, incluso un «externo»; lo hemos vivido.
Esto así «tomar el mando» es una técnica que se puede aplicar tanto en una sección de una línea de producción como en el Comité de Dirección. No tiene que ver con el nivel de quien la lleva a cabo, depende de circunstancias, en general, cuando el equipo está en riesgo de dispersarse o perderse, o cuando efectivamente ya está totalmente desorientado.
En los manuales de nuestros cursos «Tomar el mando» nos referimos en primer lugar a la diferencia entre «potestas» y «autoritas». La primera deriva del poder, del cargo o nombramiento que faculta a algunas personas para decirles a los demás lo que tienen que hacer, para mandar, si se quiere; la segunda, que traduciríamos como «autoridad», es la habilidad para hacer crecer algo, para promover o desarrollar. Realmente esta última sería una buena base para la construcción de ese liderazgo en retroceso, porque no requiriendo «título» convierte a quien la ejerce en una referencia para la acción.
«Tomar el mando» es un proceso completo en el que se ponen en juego habilidades de relación e inteligencia directiva que nos ayudan a conducir a un equipo o a un grupo de trabajo desde la desorientación, o las dinámicas erráticas o recurrentes, tal vez en bucle, hasta la alineación con las metas de la organización o el área y un compromiso efectivo con la acción. Una de las claves es detectar cuándo hay que dar un paso adelante, comprender el momento, cuándo tenemos que interrumpir y frenar, adoptando una actitud simplemente firme, sin estridencias ni salidas de tono. Además, hay que saber cómo hacerlo.
Probablemente en una situación de cierta confusión, será adecuado actuar con rigor, pero proporcionando el soporte anímico necesario para generar seguridad psicológica y recuperar la confianza: en nosotros mismos y en el proyecto, en la Empresa como arquetipo y como organización.
La Filosofía de la Empresa articula la dirección de la organización en torno al proceso estratégico básico, eso que hacemos, eso a lo que nos dedicamos. Por eso, cuando tomamos el mando, éste es el fundamento inmediato de nuestra intervención. Sin embargo, si queremos que nuestra acción sea realmente sólida, tenemos que buscar una referencia con algo más de calado, hay que ir un poco más allá del mero hacer, para traer elementos originales de la Empresa: puede ser el valor de transformar, el valor de generar valor, el valor de crear combinando los recursos con nuestras propias habilidades...
No es un mero poner contexto, es realmente ir a nuestro sitio, aterrizar, recuperar los cimientos y los motivos. A partir de ahí definimos la acción y el compromiso y establecemos los planes: las tareas, los plazos y el método de control.
Entonces, «tomar el mando» es función clave para el alto rendimiento porque orienta a las personas con el proceso estratégico básico de la Empresa, ordena las actividades en línea con su propósito, construye, establece y alimenta el clima, genera confianza, promueve la comunicación, reduce o resuelve las disonancias, organiza, armoniza, cohesiona, alinea y articula, integra el equipo, motiva a la acción para que las relaciones del grupo sean cooperativas y fomenta la disposición de cada uno y del conjunto.
«Tomar el mando» es el desarrollo de una técnica de gestión de grupos como recurso avanzado de inteligencia directiva. El resultado es una transición no cruenta desde el caos a la organización, de la falta de referencia a la orientación, de la dispersión a la cohesión, de la ineficiencia a la generación de valor. Nuestra experiencia con esta herramienta es excelente.
En nuestra Escuela seguimos explorando cómo la inteligencia directiva se traduce en acción. El taller «Tomar el mando» es la ocasión para hacerlo en la práctica.
Juan Ugarte Pereira, PhD

